jueves, 25 de abril de 2013

87. GOTICO



Uno de los capítulos peor entendidos y peor explicados de la Historia del Diseño es el Gótico. Y es que a los historiadores del arte siempre les ha fastidiado no dar con los arquitectos, es decir, con los autores de esas maravillas que son las grandes catedrales que se empezaron a construir a comienzos del siglo XII. Y por culpa de esa incomprensión generalizada hacia el gótico nos perdemos sus grandes lecciones. Creemos que el gótico es un catálogo de formas muertas, un listado de edificios para un examen de Historia del Arte. Son tan grandes y sorprendentes las catedrales que nos desbordan, que superan nuestro entendimiento. Y sin embargo..., sin embargo, voy a intentar explicaros en cuatro palabras que es lo más sencillo del mundo.

El gótico no es más que un par de pequeños inventos: 1) el de cambiar el arco semicircular trazado desde el centro del mismo por un arco compuesto por dos trozos de arco trazados desde los laterales del arco (tal y como se explica en la primera figura de esta lámina):


y 2) la de crear un arco en las aristas de las intersecciones de bóvedas, lo que permite descomponerlas en "gajos" y flexibilizar las plantas:


Todo el gótico no es sino la combinatoria y el desarrollo de esos dos sencillos inventos. Así de fácil.



¿Por qué lo llamaron "arte bárbaro"? ¿Por qué sigue siendo la forma de construir que más se ha mezclado con el pensamiénto esotérico, o con supuestos secretos de la masonería? Pues por lo que decía antes: porque es una forma de construir colectiva, porque es una forma de construir anterior a la aparición de los "artistas".

Las conexiones entre esa forma de construir los templos de Dios y la forma en que volvieron a nacer las ciudades en Europa son asuntos mucho más complejos de explicar, y si me pidierais una referencia teórica yo os diría que está en el libro de Lewis Mumford, LA CIUDAD EN LA HISTORIA, o en la idea de construir mediante un lenguaje de patrones colectivamente asumido que podemos descubrir en EL MODO INTEMPORAL de Christopher Alexander; pero eso desbordaría los límites de una pequeña lección. Quedaros por tanto con el potencial que tiene una nueva semilla y admirar la infinita variedad de frutos que puede llegar a dar cuando es compartida por toda una sociedad emergente.