jueves, 23 de abril de 2015

125. CRAZY DECOR



Hace bastantes años vino Juli Capella a esta Escuela e impartió una coferencia en el Salón de Actos en la que soltó un mensaje provocativo dirigido directamente a los alumnos que más o menos decía así: "como la vida y el duro trabajo que os espera fuera ya se encargará de cortaros las alas, aprovechad vuestra estancia en la Escuela para hacer locuras y extravagancias, para ser lo más creativo posibles".

Desde que entramos los arquitectos a enseñar en las Escuelas de Decoración todo capricho o extravagancia ha sido cercenado en aras de un tipo de disciplina profesional mucho más cercana al ejercicio de la racionalidad y de la funcionalidad que triunfaron en la arquitectura del siglo XX y en la que todos los arquitectos fuimos educados. Juli Capella también era arquitecto, y seguramente un poco frívolo, pero tonto no era y su mensaje, su provocación, no ha dejado de darme vueltas en la cabeza durante todos estos años de profesor de Diseño de Interiores.

Para entender y valorar mejor esa provocación pensemos un poco en los compañeros de la especialidad de Moda de esta misma Escuela. Ellos estudian para diseñar chaquetas, pantalones y camisas que podamos vestir en cada uno de los acontecimientos y edades de nuestra vida, pero de vez en cuando, tanto en su periodo de formación como en su vida profesional, nos sorprenden con modelos y pasarelas de lo más original y extravagante. La alta costura, como decía Ignacio Paricio Ansuategui en un estupendo artículo sobre el high tech publicado hace años en la revista Arquitectura Viva, no es algo que se haga para poder vestir a la gente sino para tirar de la creatividad de los diseñadores y hacer evolucionar las modas. Es algo de lo que, a la postre, se beneficiará la belleza de mi camisa o mi pantalón.

Algo parecido podríamos hacer también en Decoración de Interiores. No todo el tiempo, por supuesto, en que lógico es que prevalezcan los valores de la disciplina, el orden y la búsqueda de la sencillez y economía en el diseño, pero sí de vez en cuando.

En primer curso de diseño, cuando se les plantea por primera vez ejercicios de arquitectura de distribución de espacios, los alumnos optan con frecuencia por hacer extravagantes tabiques curvos o diagonales, por lo que es muy recomendable prohibirles este tipo de geometrías y obligarles a diseñar desde la sencillez del ángulo recto. Eso de las paredes de vidrio o los tabiques inclinados, les digo, a partir de tercer curso.Sin embargo, cuando se les plantea por primera vez un ejercicio de pura y simple decoración hay que ver lo tímidos y comedidos que son, más atentos casi siempre a plantear y resolver problemas de funcionalidad o bricolaje que a desarrollar sus capacidades creativas en el mundo de la ambientación.

Es entonces cuando me acuerdo de la provocación de Juli Capella y no sólo la aplaudo como tal sino que hasta creo necesario proponerla como ejercicio obligatorio: diseñad loco, soltaros el pelo, pintad de colores vivos, mezclar lo irreconciliable. No para crear un hábito de caprichosidad, no, sino para ver cuanto antes cuáles pueden ser sus resultados, o para servir en el futuro, como en el diseño de moda, de estímulo y referencia para las propuestas más serias y contenidas.

Y también (digámoslo con un pequeño chiste), para evitar esa otra "extra-vagancia" decorativa que es... la "vagancia" "extrema" de no pintar nada, no diseñar nada y justificarse que es porque van de racionalistas, de funcionalistas o... de "minimal".

Porque una cosa es segura: los diseños de la Escuela no se hacen para llevarlos a la realidad. Se hacen para aprender, para crecer, para abrir vías al futuro de los alumnos y al propio oficio de la Decoración.