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miércoles, 1 de abril de 2015

124. PROBLEMAS DE ESTILO




En la bliblioteca de la Escuela encontré hace años un libro titulado ESTILO Y DECORACION INTERNACIONAL editado en 1976 por la prestigiosa editorial Gustavo Gili que tenía cientos de fotografías del tipo de las dos que encabezan esta pequeña lección. Escandalizado por la imagen que daba de la disciplina de la decoración me lo llevé al armario de mi clase y lo encerré con llave. Pero el problema no estaba resuelto: en realidad debería de haberme llevado y encerrado también el noventa y nueve por ciento de los libros sobre decoración que había y todas las revistas del ramo, porque las fotos y textos que contienen no hacen sino contribuir a la gran ceremonia de la confusión sobre estilos de ambientes y objetos en que nos vemos sumidos desde hace décadas, una confusión o un eclecticismo que nos exige profundizar una vez más en la historia de la decoración y en el punto en que estamos.

Admitimos que a diferencia de la arquitectura, la decoración es moda y expresión más o menos efímera de cada usuario o de cada momento histórico, pero de ahí a convertirse en capricho individual, subjetivo y acrítico va un largo trecho. No todo cabe. No todo puede valer. Cuando se fundó la Real Academia de Bellas Artes de Francia el primer tema de debate de los sesudos académicos fue tratar de definir el "buen gusto" es decir, los principios que deberían de regir a la hora de juzgar todo lo relacionado con la creatividad humana. Diferenciar el buen gusto del malo, lo bello de lo chabacano. Difícil tarea para los académicos si no contaran con un poder absoluto en la monarquía de Versalles que la mayor parte de las veces tomaría sus decisiones por ellos: y es que el buen gusto ya era entonces el gusto de los de arriba, de los poderosos, de los que dominan al resto de la sociedad.

La revolución francesa que acabó en el imperio de Napoleón impuso un nuevo gusto, el así llamado "estilo imperio", creado por dos arquitectos, Percier y La Fontaine, para el nuevo emperador, pero una vez caído éste, durante el siglo XIX proliferaron todo tipo de "gustos" "estilos" o "modas" en función de los diferentes países de Europa y de sus desarrollos sociales creando una tremenda babelia que dio pie a esa furibunda reacción acaecida en el siglo XX después de la Primera Guerra Mundial que ya conocéis por la historia como "modernidad", el "no estilo" o "estilo internacional" y que arranca con textos como "Ornamento y Delito", la negación de la decoración en las soflamas de Le Corbusier o las propuestas blancas y puristas de la Bauhaus.

Cincuenta años después, hacia 1970, la modernidad entró en crisis y no sólo cultural -como en el el libro que mencionaba al comienzo de esta pequeña nota. El humorista francés Jacques Tati se había adelantado más de una década en la denuncia del modo moderno de hacer las cosas como comentamos en este mismo blog sobre su película MI TIO. ¿Qué ha pasado desde entonces hasta hoy? ¿Cuál ha sido el gusto, la moda o las tendencias triunfantes en decoración?

Complicadísimas preguntas que no pueden responderse en una pequeña lección de diseño y ante las que sólo pueden avanzarse hipótesis o interpretaciones algo aventuradas, como que... hemos vuelto a la confusión y eclectisimo de finales de siglo XIX pero multiplicado por mil, es decir, que aún peor. Y con un aparato crítico bajo mínimos. Con muchos medios de comunicación que mezclan las noticias con la propaganda y sin Reales Academias que fomenten debates como el del buen gusto. Sin ir más lejos esto es lo que veíamos recientemente en la feria de Valencia.:


Ponerse a ejercer la decoración profesional en nuestros días es un reto verdaderamente difícil. Titánico, podríamos decir. Porque quien quiera hacer una decoración digna, deberá siempre expresar la naturaleza de su tiempo, del momento en que esa decoración se produce. El decorador ha de ser sensible a todo lo que le rodea y crear con el material de su tiempo una sensibilidad, una tendencia, una moda, un gusto, que no sólo sea bien visto por la sociedad de su tiempo sino que deje huella de ese momento para el futuro. Ese es el reto muchachos... Así que... en buen lío os habéis metido... si es que queréis hacerlo bien de veras, claro.


jueves, 5 de marzo de 2015

122. "LO CASTIZO" frente a "LO DISEÑO"


Es filosofía del plan de estudios de la Esdir iniciar a los alumnos cuanto antes en los grandes temas de diseño de su especialidad. Y así, en proyectos básicos de Diseño de Interiores de primer curso, tras empezar por una distribución de espacios en una vivienda de 70 m2 y otra de 140 m2, abordamos el que posiblemente sea el gran tema de la especialidad de Diseño de Interiores: los BARES Y RESTAURANTES, esos espacios semipúblicos que tienen el carácter de pequeños templos de la convivencia de un barrio, o que incluso tienen o le dan carácter a toda una ciudad.

Aunque el primer ejercicio se centra en organizar sus espacios, diseñar correctamente los aseos (v PLD 44) y proponer las primeras imágenes para sus fachadas, lo cierto es que la primera tarea de todo diseñador ante el encargo de un bar/restaurante es observar y valorar los bares de su ciudad y los bares famosos de la historia del diseño. Adquirir una "cultura" de bares.

Y dentro de esa cultura, parece conveniente establecer o poner en común algunos términos que sirvan de referencia para la comprensión del carácter de estos espacios singulares, de estos pequeños templos de la ciudad. Etiquetas, como se diría ahora en términos de búsqueda de internet, que nos permitan entender y acaso valorar la esencia espacial y decorativa de cada uno de esos lugares.

Las dos primeras etiquetas que ofrezco son las que encabezan esta pequeña lección: LO CASTIZO frente a LO DISEÑO. Todo bar nace de una serie de decisiones de sus dueños y decoradores, pero frente a estas decisiones personales o individuales, algunos bares logran adquirir con los años una "solera", una especie de carácter "tradicional" que los convierte en bares "de toda la vida", bares enraizados con los tics de la arquitectura popular de una zona o de una época, que todo alumno de diseño debe aprender a entender y valorar. Los bares "castas" o "castizos" tienen un encanto especial que generalmente es más valorado por la gente de fuera que por la gente del propio lugar, más apreciados por la gente que viene a conocer la esencia de una ciudad que por la gente que se ha acostumbrado a lo que tiene y no lo sabe apreciar.

Pero una vez valorado "lo castizo" como lo "auténtico", lo "genuino" de una ciudad, lo más fácil es convertirlo en una máscara, un disfraz. Lo "castizo" se genera gracias al tiempo, al uso, a las huellas de la gente que ha ido dando vida a un bar, no a las decisiones de un diseñador que interviene imitando los tics formales de ese tipo de lugares. Por ello, frente a "lo castizo" hay que aceptar "el diseño" como una actitud mucho más modesta, como una actitud creadora de un embrión que ojalá con el tiempo logre convertirse en "popular".

No suele ser lo normal. Los bares "de diseño" tratan de competir con los bares tradicionales exagerando sus rasgos formales, su "tendencia", su "modernidad" o su "temática", llegando muchas veces a rayar en lo que se entiende como "kitsch", hortera, falso, pretencioso, vulgar o pijo. Una de las primeras etiquetas que tiene que aprender a usar un alumno de diseño es la del "kitsch". No es fácil. Hay muchas interpretaciones del fenómeno kitsch, pero en general todas tienen una connotación negativa. Sólo cuando lo kitsch sobrevive y se hace duradero empieza a adquirir cierto valor positivo. La decoración más próxima al concepto del disfraz o de lo falso no puede ser duradera, no puede ser genuina o auténtica salvo que resista al paso del tiempo, lo que no suele ocurrir.

En los bares "castas" y "genuinos" el diseño originario se ha hecho imperceptible. Como decía Bruno Munari analizando el atril, el gran diseño suele ocurrir precisamente cuando no se ve. Se diría que frente al valor del buen uso y del paso del tiempo el diseño inicial se ha quedado oculto o en segundo plano. En los bares "de diseño" ocurre lo contrario. Cuando el diseño hace exhibición de sí mismo se convierte en una anécdota, en un tic, en un guiño. Nada peor para el buen nombre del diseño que ese carácter superficial que a veces adquiere "el diseño" en esos bares que llamamos "de diseño". Nada mejor para el alumno por lo tanto, que detectarlo desde el comienzo de sus estudios.